Arbol
Manzanas podridas en la tierra,
pesadas cayeron del dulce árbol.
Pareciera haberlas dejado.
Dijo que de nada le servían,
solo torcían sus delicadas ramas
en la espera de un hambre que no aparecía.
Masculle que no la entendía,
que mis emociones no podría dejar.
El arcaico volvió a hablar,
me contó que siempre se puede errar
evidenciando que si la fruta crecía el mismo moriría.
Una calida brisa me rozó
y la risa de un gorrión
afirmaban mi torpeza.
El fruto su destino cumplió
nutriendo a la planta de la que fue esencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario